El termómetro de repostería es un instrumento esencial para quien desea lograr los mejores resultados. Seguir paso a paso una receta incluye también la precisión en la temperatura, algo que en casa solemos hacer «a ojo», pero en pastelería es poco lo que se puede dejar al azar.

Ya hemos mencionado en muchos de nuestros post, lo caótico que puede ser abrir el horno antes de que nuestros bizcochos, panes, pasteles u otras preparaciones estén listas. ¿Y por qué lo hacemos con frecuencia? Para saber si ya están cocidos en su interior. Esto ya no tiene que pasar, porque en el mercado hay diversas opciones de termómetros de cocina que nos salvarán de un dulce desastre.

Entre las opciones disponibles están los termómetros con sonda. Son muy fáciles de utilizar dentro del horno, ya que introduces la sonda en el interior de la preparación y sacas el cable al exterior, con lo que lograrás controlar la temperatura sin correr el riesgo de que, por ejemplo, te quede apelmazado el bizcocho. Con este modelo, no tienes necesidad de abrir la puerta, hasta tanto alcance la temperatura deseada y suene la alarma que te avisará que está listo tu postre.

Los termómetros con sonda también sirven para registrar el calor durante la cocción de preparaciones más líquidas, como el caramelo y el almíbar, ya que esta soporta altas temperaturas y puede ser introducida en la olla con seguridad.

Otro muy útil es el termómetro de pincho, que es el más indicado para la preparación de caramelos y chupetas, jarabes de azúcar, dulces, mermeladas y almíbares, en las que se mezcla agua y azúcar, que va espesando a medida que sube de temperatura. Es bastante preciso porque indica el punto justo en el cual se debe detener la cocción para evitar que se cristalice el azúcar.

Termómetro de horno

Conocer la temperatura real del horno que vas utilizar es también muy importante, ya que es frecuente que los grados de calor que seleccionas (bien sea con perilla o de forma digital), no siempre sea con exactitud la cantidad de calor que emite y se conserva constante en el interior.

La solución a este problema es adquirir un termómetro de horno (está en la tienda Dulcear), que normalmente incorpora una base para colocarlos de pie y un gancho para colgarlos sobre una rejilla dentro del horno. Pueden llegar a marcar temperaturas de hasta 350-375°C.

Azúcar en el punto ideal

Aunque actualmente la mayoría de los termómetros suelen incluir tablas orientativas y cocciones programables para los alimentos, en Dulcear.com te daremos una breve guía sobre las temperaturas de cocción para nuestro aliado favorito, el azúcar, de acuerdo al Diccionario de Postres de Larousse:

Sirope -> 100°C. Ideal para las frutas en almíbar.

Hebra fina-> 103-105 °C. Para las frutas escarchadas o pasta de almendras.

Hebra gruesa ->106-110 °C. Para glaseados y todas las recetas que indican el uso de almíbar sin mayor precisión.

Perlita o perlado fino -> 110-112 °C. Usado en el fondant y turrones.

Gran perla->113-115 °C. Para frutas “disfrazadas”, glaseados y almíbares para confituras.

Bola blanda->116-125 °C. Ideal para crema de mantequilla, caramelos blandos, confituras y jaleas, y merengue italiano.

Gran bola o bola dura ->126-135 °C. En este punto sirve para caramelo, confituras y decoraciones de azúcar.

Punto de quebrado ->146-155 °C. Usado para algodón, caramelos de azúcar cocido, decoraciones de azúcar en punto de hebra, flores de azúcar y azúcar soufflé.

Caramelo claro-> 156-165 °C. El preferido para aromatización de golosinas y de pudines, bombones, caramelización de moldes, cabello de ángel y glaseado.

Caramelo oscuro-> 166-175 °C. Es la última fase de la cocción antes de la carbonización. Sirve, sobre todo, para colorear salsas y caldos.

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