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Wagashi: dulces bocados de Japón

Los japoneses son unos grandes dulceros… La industria de los chocolates y caramelos se mueve muy bien en su país. Pero hay un lugar muy especial para los dulces tradicionales, que no solo se destacan por su sabor, sino por la belleza de su presentación.

Ejemplo de este esplendor son los wagashi, que suelen acompañar la ceremonia del té y otras importantes festividades a lo largo del año, y además forman parte de la distintiva hospitalidad japonesa.

Son pequeños bocados moldeados por manos artísticas inspirados en la naturaleza y que van cambiando su diseño de acuerdo a las estaciones del año. Es parte del respeto a la cultura en torno a estos dulces, admirar su belleza antes de llevarlos a la boca.

Entre los ingredientes básicos con los que están preparadas estas delicadas delicias suelen estar la harina de arroz, agar-agar, azúcar, an (una pasta dulce a base de granos) y harina de trigo.

Hay muchas opciones para disfrutarlos, pero una familia en Tokio es famosa por preservar estos tradicionales confites desde hace seis generaciones: Los Fukushima. Llevan 170 años dedicados a la elaboración del wagashi. Su historia fue reseñada por el canal de Youtube Great Big Story.

“El cambio de temporada es tan colorido y asombrosamente hermoso, que nuestro trabajo es expresar imágenes evocadoras de la naturaleza que apelan al sentido de la vista a través del wagashi”, explicó Toshio Fukushima, miembro de la quinta generación de su familia, quien junto a su hijo dirige la tienda de dulce en Tokio.

En el breve documental, muestran que el producto estrella de la confitería de los Fukushima es el Jo-namagashi, un dulce fresco de alta calidad hecho con productos autóctonos del Japón, entre los que están frijol rojo azuki o el frijol blanco.

Los Fukushima cocinan aproximadamente 200 tipos de diferentes dulces a lo largo del año, con formas de narcisos y flores durante el inicio de la primavera, por ejemplo.

Uno de los sellos más importantes de esta familia son sus diseños, los cuales provienen de un libro escrito en 1867. “El libro nos ayuda a recordar la importancia de preservar el espíritu del fundador (…) Copiamos y seguimos usando los exactamente los mismos diseños y motivos estacionales del libro”, destacó Toshio.

¿Los has probado alguna vez? Cuéntanos ¡En Dulcear queremos que nos cuentes tus experiencias dulceras!

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