La Negra Repostería Artesanal es hoy uno de los aliados de Dulcear y sus tortas pueden adquirirse en nuestra tienda. Hace dos años nos reunimos con Luis Aníbal Palacios para que nos contara cómo surgió este emprendimiento y esta vez nos cuenta detalles aún más dulces: la identidad de sus sabores.

La Negra Repostería Artesanal produce bizcochos distribuidos a nivel local, en Dulcear.com y otras tiendas. También tienen un estand preparado para las numerosas ferias caraqueñas, en el cual venden sus atrevidos sabores. En ese lugar tienen la oportunidad de compartir directamente con los clientes y es común que se repita la misma pregunta sobre cualquiera de sus productos: «¿Por qué esa torta se llama así?»

«Debo retroceder un poco para que entiendan», responde Palacios. «Mi abuela preparaba una infinidad de bizcochos y dulces tradicionales. Con ella aprendí a desarrollar mi creatividad e innovar a partir de los ingredientes que ofrece nuestra tierra».

Nos puso como ejemplo la torta más reciente, la Naiguatá, que viste una cubierta de melao de papelón y trozos de coco y piña. «Es un sabor fuerte, tropical, con las dos frutas características de esta región costera», agrega Palacios. En este caso el nombre se lo puso el público mediante un concurso que realizaron en Instagram y ganó el que hace referencia al pueblo del litoral costero, el cacique y el pico más elevado de la Cordillera de la Costa.

«Ven y te cuento los sabores«

Con su nueva etiqueta en Instagram, #venytecuentolossabores, La Negra Repostería propone un acercamiento recreativo a los productos, contando cuál es la relación que tiene el nombre de la torta con la historia del país, los ingredientes y las mezclas que ellos realizan: desde las más típicas de algunas regiones del país, hasta la más atrevidas.

La torta Marisela, por ejemplo, contiene queso criollo (llanero y de año) y está recubierta con un baño de caramelo aliñado con especias. «Nos gusta creer que cada torta tiene una identidad. En este caso, damos vida repostera a la hija de Doña Bárbara, la protagonista de la novela regionalista de Rómulo Gallegos», explica Palacios.

La torta Catuche, que es de guanábana, hace referencia al río homónimo que en voz indígena alude al guanábano; y de la Mantuana, cuyo nombre está inspirado en las esposas de los blancos criollos o grandes cacaos, como también se llamaba a quienes pertenecían a esta clase social de la época colonial, es una torta a base de auyama y apio, recubierta con frosting de papelón aliñado con especias.

El ingrediente del saber

Palacios cuenta que su instrucción primaria fue la cocina de su abuela, cuyo rostro vemos en el logo de la marca. Ella lo inspiró a promover el uso de ingredientes alternativos en sus recetas. «El secreto no es exclusivo de las medidas: más o menos azúcar influirá en el sabor, claro. Pero un bizcocho esponjoso se inflará si añades bicarbonato de sodio junto con polvo para hornear; también funcionan el yogurt y la maicena», dice como ejemplo de esos pequeños secretos que se aprenden al lado de quienes saben.

La repostería es un arte perfeccionado con la práctica –y el amor–. El repostero de la marca prueba sus mezclas antes de hornearlas, debido al afinado paladar que ha desarrollado desde su infancia. Asegura que ha aprendido a distinguir marcas y combinaciones a partir de la degustación.

«No basta con ver la textura. El sabor, aunque cambie al salir del horno, se vuelve familiar si lo repites constantemente», agrega Palacios.

En cuanto a las ventas, a la interacción con los clientes, Palacios compara su deseo de satisfacer paladares con la película de Disney, Ratatouille: «debes hacerle caso al animalito que te insiste en mezclar, explorar y cocinar. El objetivo es que el cliente viaje a los sabores de su infancia. Es algo que también busco incansablemente al repetir las recetas de mi abuela. Nuestra marca converge en tradiciones, identidad y memoria».


Recuerda que puedes ordenar sus tortas en nuestra tienda .

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