Por medio de un tiramisú, la película El Hijo de la Novia, nos recuerda, entre otras cosas, la importancia de ser fieles a los principios. En los postres clásicos, los ingredientes son un punto de honor. 


 

La primera película en la que vi a Ricardo Darín como protagonista fue El hijo de la novia, hace más de 15 años. En ese filme, dirigido por Juan José Campanella, vemos a un hombre con una vida de mucho trajinar.

Él, además, es un energúmeno que ha perdido el control de muchos aspectos de su cotidianidad. Está divorciado, casi no ve a su hija y tiene una novia que quiere un mayor compromiso de su parte, pero Rafael Belvedere, como se llama el personaje principal, no desea ir más allá.

Adicionalmente, este hombre agobiado tiene un restaurante que exige cada vez más compromisos, no parece estar dando buenos resultados económicos y alguien tiene interés en comprarlo: una opción que empieza a ver como un alivio.

Rafael no quiere decepcionar a su padre, un hombre que abnegadamente visita en una casa hogar a su esposa, quien sufre de mal de Alzheimer y con la que quiere casarse, pues durante años, le negó ese anhelo a la señora. No porque no la quisiera, sino por esos alaridos de juventud en contra de ciertas instituciones.

Ahora, entre las quejas de Rafael está la diaria lucha con los cocineros que para disminuir costos, sacrifican la calidad de algunos alimentos. Pero hay uno que tiene especial importancia para el protagonista: el tiramisú.

Como si no tuviera perturbaciones, tiene que exigir que sea mascarpone el queso con el que se debe preparar el ansiado postre y no otro para ahorrar dinero. ¿Y por qué? Sencillamente porque es un punto de honor para con los leales comensales de esta torta. No solo sabe que es la tradición, sino también el respeto al paladar de quien busca uno en su restaurante. Punto de honor por la excelencia.

Si bien el local parece venirse a menos, es el único lugar donde todavía puede tener control de ciertos aspectos, y el tiramisú es uno de ellos, y no quiere perderlo sobre un dulce que representa un legado, la continuidad de una tradición familiar que va aunada a la permanencia del restaurante.

En el largometraje, nominado al Oscar como Mejor Película Extranjera en 2002, la mesa sirve como lugar de confesiones, fraternidad y anhelos. Por eso Rafael tendrá que buscar la manera de evitar que esa génesis, que es el restaurante, llegue a su fin.

 

Si te dieron ganas de comer tiramisú, aquí te dejamos una receta:

Tiramisú, de la chef Mariela Contreras

Humberto Sánchez
Periodista venezolano especializado en Cultura. Cinéfilo.

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