Los fideos evocan tanto. Shaomin recuerda cada día los fideos del pueblo natal. La cara de la abuela siempre está presente, es constante cuando se adentra no solo en los pensamientos sobre lo pasado en casa, sino en esa oportunidad que una vez tuvo, de hablarle a la chica que tanto le gustaba cuando era un estudiante.

Solía sentarse en un pequeño restaurante, y siempre, a la misma hora, veía a la joven pasar, esplendorosa y sonriente. Así transcurre el primero de los tres cortos de Flavors of Youth, la película animada china de Netflix.

Ya profesional, en la ciudad, no halla la misma sazón de antes. Los fideos son igual de buenos, eso sí, industrializados, no como los que hacían en el pequeño poblado. Pero reconoce que igual son sabrosos, pero falta algo. Y lo que no encuentra son las emociones que experimentaba cuando era niño y adolescente. La abuela está lejos, el hogar; se siente un poco desterrado. No solo la distancia, sino la emoción de los primeros fervores del amor.

Este primer cortometraje del filme basa toda emoción en lo que puede ocurrir alrededor de un plato, en esta caso, los fideos. Los responsables de la historia saben muy bien cómo hacer que la comida sea el centro de todo los sentimientos abordados en la trama, la mesa como punto de encuentro para las interacciones personales, el descubrimiento de las emociones y del mundo.

Las otras dos historias de Flavors of Youth tienen como centro de atención de sus personajes otros elementos, pero aun así, la comida tiene una importancia como intercambio de opiniones.

En el segundo la protagonista es una hermosa modelo que ve cómo su carrera entra en declive, mientras su entorno más cercano se esfuerza por apoyarla y acompañarla en los momentos más difíciles de esa decadencia. El último corto muestra cómo transcurre la amistad de tres jóvenes a lo largo de los años. Pero en ese lapso, se presencia un amor que parece no ser correspondido durante épocas. También indaga, al igual que el primero, en las oportunidades perdidas.

Flavors of Youth, dirigida por Haoling Li,  Yoshitaka Takeuch,  Yi Xiaoxing, es una emotiva obra que rinde honores a esos momentos de la vida que definen a cada persona. Y como es verídico, muchos de esos instantes están muy vinculados a la mesa.

 

 

El paraíso de la galleta gigante en “Querida, encogí a los niños”

 

Humberto Sánchez
Periodista venezolano especializado en Cultura. Cinéfilo.

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