Alberto LindnerColumnistasPortada

“Quesinillo” de coco (quesillo de coco con variaciones)

Quesillo, postre, quesillo de coco

“¡Niño… deja de jugar con la comida…!” Quizá esta sea la frase que más hayamos escuchado en la infancia.  ¿Pero qué se supone que es propio de los más pequeños y lo que mejor saben hacer? Pues, jugar. Es así. En mi caso, he tenido que esperar años para recomenzar a “jugar” con la comida.

Ya hemos dicho que cocinar nos exalta la fortaleza de carácter del “amar y ser amado” y por otra parte promueve una de las emociones positivas más importantes, que es la “diversión”. Y no cabe duda de que el juego tiene que ver con la diversión, ¿no? Les puedo decir que preparando este quesinillo de coco me divertí mucho.
En mi país, Venezuela, tenemos una alta inflación, (la mayor del planeta), y una severa escasez, (hasta de dinero). En estas condiciones adversas es que quienes vivimos allí debemos re inventarnos día tras día. Cada amanecer es nuevo y distinto, con nuevos retos y nuevas oportunidades. Lo que no podemos hacer es dejarnos llevar por las malas emociones. Nuestra obligación es hacer algo diariamente que nos conecte con lo posible y nos permita seguir avanzando. Porque la desesperanza se aprende, pero yo no me he anotado en esa lista. Además, no me voy del país.
Creo que con esta mirada podemos hacer algo con los que estamos acá.
La cocina es un centro de bienestar. No solo por los resultados, sino por el proceso. Es allí cuando sacamos adelante nuestras fortalezas de carácter como la perseverancia, la gratitud, el aprecio a la belleza y la curiosidad, a la vez que promovemos las emociones fuertes y positivas como la diversión, la curiosidad, el orgullo, y la alegría. Estando parados frente a nuestra realidad -a lo que hay en la nevera- y con el propósito de cocinar “amor”, mientras jugamos y nos divertimos, es que preparamos desde lo que conocemos, pretendemos e imaginamos.
Mientras hacemos estos inventos, algunas veces hasta llegamos a gritar “¡Eureka!” pues encontramos que los resultados sorprendentes. Mucho mas allá de los que habíamos imaginado obtener. Como todas las “eurekas”, la receta que hoy les voy a dar pertenece a la suerte mezclada con los hechos, conocimientos y deseos. Su resultado está cercano a lo mágico. Lo hice para unos invitados y todos dieron fe de su calidad. Así que voy a tratar de indicarles paso a paso cómo sucedió realmente.
Iba a hacer un quesillo cuya receta ya he compartido aquí. Pero tenía coco y estaba comenzando a usar una máquina vaporera que me regalaron hace mucho tiempo. Es buena para hacer verduras al vapor. No tenía leche condensada ni leche. Así que procedí a hacer una.

Preparación previa del envase

Coloqué en una quesillera redonda con tapa, como de 15 cm de diámetro, cinco cucharadas de azúcar. Como es de regular calidad, le agregue cinco cucharadas de agua y lo coloque a fuego mediano hasta que se derritió y se puso color ámbar el caramelo. Luego lo coloqué a un lado para que se enfriara.

La “leche condensada”

Puse en la licuadora una taza (medida) de agua, cinco cucharadas de leche en polvo y tres más junto con media taza de azúcar, una cucharadita de esencia de vainilla, pizca de sal, media taza de coco rallado y una cucharada de maicena. Se coloca a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva y se espese como la leche condensada. Se deja enfriar. (Pueden probar y ver que sabe igual)

La preparación

Llevamos a la licuadora la “leche condensada”, una taza de leche, cinco huevos enteros, y media taza de coco rallado. Se deja licuar muy bien y se vierte en el molde encima del azúcar caramelizado y ya frío. Se pone el molde en la vaporera por 55 minutos. Con un palito de verifica que ha cuajado. Se deja enfriar y se desmolda. Yo lo desmolde a las 24 horas, no se si eso influye.
Creo que no obtuve lo que pensaba, (de eso se trata el jugar). A veces lo hago en el hornillo y el coco se separa de la mezcla y queda como quesillo. Esta vez nadie dudaría que era un quesillo, como torta de queso con coco. En fin, una delicia Eureka.
Espero la disfruten.
PD. La llame quesinillo, pues estaba pensando en el quesillo y a la vez en el tocinillo del cielo, español

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